Cuento Breve / Short Story. En Español. In Spanish.

El Amante del Chat
por Daniel Flores Bueno

Hay penas del corazón que todos sabemos esconder, penas que nadie ve ni se imagina que uno tiene. Nos han entrenado toda la vida para hacer eso y Lily, como muchos de nosotros, aprendió bien la lección. Cualquiera que la viera de lejos podía creer que era el ser más feliz de la tierra. Sonreía con facilidad y reía chillonamente —ji, jiiii, jiiii, jiiiiii— provocando la risa contagiosa de sus compañeros de oficina. Sin embargo, por dentro estaba triste. Su enamorado la había abandonado sin abandonarla y por eso se sentía aburrida e injustamente solitaria. Nadie lo sabía, nadie se imaginaba y a nadie se lo contó jamás, hasta que un día un chico salvadoreño, que vivía en Canada, odiaba el inglés y hablaba el francés tan bien como el castellano, emergió del chat.

La esta historia comenzó como jugando, como comienzan los affairs por Internet. Mariana y Claudia, dos amigas de Lily, le pasaron una dirección perfecta de un chat para conocer a chicos extranjeros. A Lily la idea le pareció divertida. El primer paso en esta aventura a ciegas fue ponerse un seudónimo de batalla, un apelativo que en su inocente imaginación sonaba de lo más rockeril, Ronda. No se imaginó que para los otros ese «nickname» no era sólo pelotudo sino infantil. Desde entonces Ronda paseó por aquellas tierras virtuales, habló con tipos raros como Depravado, Juglar y Blackjack, hasta que encontró en una esquina esclava del «scroll down» a un chico cuyo seudónimo le atrajo sobremanera, Despistado. Media hora después de conversar con él se dijo a si misma “lo he encontrado”. Primero se hicieron amigos, luego de algunas semanas confidentes y finalmente algo poco menos que amantes. Este cambio en la vida de Lily llamó poderosamente la atención en la oficina, pues a menudo se la veía chateando con su amante virtual. Ni el hambre, ni el frío, ni la noche la detenían. Siempre Lily, febril, riendo sola frente a su monitor, —ji, jiiii, jiiii, jiiiiii— con el corazón galopando a cien kilómetros por hora, como si un amante la persiguiera en medio del campo. Se sentía feliz y excitada.

Por fin podía hablar todo lo que sentía con alguien que entendía sus palabras sin mayores explicaciones, por fin había alguien que la halagaba con los más bellos adjetivos.

La relación alcanzo su clímax cuando Despistado, que en la vida real se llama Álvaro, le dijo que estaba pensando viajar al Perú. Esa semana, Ronda se devanó el seso imaginando la escena en el aeropuerto. Realmente «too much». ¿Qué le diría a su ahora olvidado enamorado, víctima potencial de unos cuernos virtuales? ¿Qué estaba enamorada o era una ilusión? ¿Con quién se quedaría? ¿Con el enamorado real o con el virtual? La vida le estaba jugando una mala pasada. Hacía unas semanas tenía que ocultar con maestría una honda pena. Ahora se veía en la necesidad de disfrazar una volcánica felicidad.

El Amante del Chat - Ilustración Omar Vite

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